El forjado es el elemento horizontal que separa una planta de otra y transmite el peso de suelos, tabiques, muebles y personas a las vigas, muros o pilares. En edificios con décadas a sus espaldas es uno de los elementos que más conviene revisar antes de una reforma, sobre todo si van a cambiar las cargas o se van a redistribuir tabiques.

Los forjados más habituales

  • De madera: vigas de madera con entablado o con bovedillas, frecuentes en edificios antiguos y en el patrimonio rural.
  • De viguetas y bovedillas: viguetas de hormigón o de acero con piezas de entrevigado cerámicas o de hormigón. Son los más extendidos en la construcción residencial de la segunda mitad del siglo XX.
  • Reticulares y losas macizas: de hormigón armado, habituales en edificios más recientes.

Señales que conviene no ignorar

  • Flechas visibles: el techo o el suelo se comban, las puertas rozan o se abren grietas en los tabiques que apoyan sobre el forjado.
  • Fisuras en el techo paralelas a las viguetas.
  • Manchas de óxido o desprendimientos del hormigón que dejan ver la armadura.
  • En madera: pudrición, orificios de insectos xilófagos, serrín o zonas blandas, sobre todo en los apoyos de las vigas en los muros, donde se acumula la humedad.
  • Humedades persistentes de baños, cubiertas o fachadas, que aceleran cualquiera de los daños anteriores.

El caso del cemento aluminoso

En España se fabricaron, sobre todo en los años cincuenta y sesenta, viguetas pretensadas con cemento aluminoso, un material de endurecimiento muy rápido. Con el tiempo, y especialmente con humedad y calor, ese hormigón puede perder resistencia y dejar de proteger las armaduras frente a la corrosión: es lo que se conoce popularmente como aluminosis. La instrucción EP-77 prohibió su uso en hormigón pretensado. No todas las viguetas de esa época están afectadas, pero si el edificio es de esos años, un técnico puede comprobarlo con ensayos.

Cómo se interviene

El primer paso es siempre el diagnóstico: inspección, catas para ver el estado de las viguetas y, si hace falta, ensayos. A partir de ahí, las soluciones van de menos a más:

  • Tratamiento de la madera frente a hongos e insectos y reparación de las cabezas de las vigas.
  • Refuerzo de las viguetas existentes con perfiles metálicos o con nuevas viguetas adosadas.
  • Capa de compresión de hormigón armado conectada al forjado existente, que lo hace trabajar en conjunto y reparte mejor las cargas.
  • Sustitución parcial o total del forjado cuando el daño es extenso.

Cualquier refuerzo estructural requiere un proyecto de un técnico competente, que evalúe el estado actual, las nuevas cargas y la solución más adecuada. Actuar a tiempo suele ser mucho más sencillo y económico que esperar a que el daño avance.