La solera es una capa de hormigón que se apoya directamente sobre el terreno y forma la base del suelo en plantas bajas, garajes, naves o almacenes. A diferencia de un forjado, no salva luces entre apoyos: transmite al terreno, de forma repartida, el peso de lo que soporta. Aun así, una solera mal ejecutada se nota pronto, con fisuras, hundimientos o humedades.
Las capas de una solera
- Terreno compactado: la base debe estar libre de tierra vegetal y bien compactada para que no asiente después.
- Encachado: una capa de grava o árido grueso que drena y corta el ascenso del agua por capilaridad.
- Lámina de polietileno: separa el hormigón del terreno, evita que la base absorba el agua de amasado y limita el paso de la humedad.
- Armado: normalmente un mallazo electrosoldado, colocado con separadores para que quede dentro del hormigón y no apoyado en el fondo.
- Hormigón: con el espesor, el tipo y la resistencia que fije el proyecto según el uso. No es lo mismo una vivienda que una nave con tráfico de carretillas.
En los suelos en contacto con el terreno, el documento básico HS 1 del Código Técnico de la Edificación fija las condiciones de impermeabilización según la presencia de agua y la permeabilidad del terreno.
Cómo se ejecuta
- Replanteo y nivelación de la base, con las instalaciones enterradas ya colocadas.
- Extendido del encachado y de la lámina, solapando bien las uniones.
- Colocación del armado sobre separadores.
- Vertido, vibrado y regleado del hormigón a la cota prevista.
- Fratasado o acabado según el uso: pulido, impreso o preparado para recibir el pavimento.
- Corte de las juntas de retracción en el momento adecuado.
- Curado: mantener la superficie húmeda los primeros días para que el hormigón no pierda el agua demasiado deprisa.
Las juntas importan
El hormigón merma al endurecerse y, si no se le dan juntas, se fisura por donde quiere. Por eso se ejecutan juntas de retracción, que dividen la superficie en paños y concentran la fisura en una línea prevista; juntas de dilatación, y juntas perimetrales que separan la solera de muros y pilares para que cada elemento se mueva de forma independiente. Su separación y profundidad las define el proyecto.
Errores frecuentes
- Apoyar la solera sobre un terreno sin compactar o con restos orgánicos.
- Dejar el mallazo en el fondo, sin separadores, donde no trabaja.
- Añadir agua al hormigón en obra para que sea más manejable: baja su resistencia y aumenta la fisuración.
- Cortar las juntas tarde o no hacerlas.
- Descuidar el curado, sobre todo con calor o viento.
- Olvidar la protección frente a la humedad en plantas bajas habitables.
Una solera bien hecha pasa desapercibida durante décadas. Casi todos sus problemas se evitan con una base bien preparada, un armado bien colocado y un curado cuidadoso.