La cimentación es la parte del edificio que no se ve y la que más condiciona todo lo demás. Su función es transmitir al terreno las cargas de la estructura sin que el terreno ceda más de lo admisible. Por eso no se elige por catálogo: depende de cómo es el suelo sobre el que se va a construir.

Primero, conocer el terreno

El estudio geotécnico es el documento que describe el terreno: qué capas lo forman, a qué profundidad aparece un estrato resistente, si hay agua y a qué nivel, y qué capacidad tiene para soportar cargas. El Código Técnico de la Edificación le dedica el apartado 3 de su documento básico SE-C «Cimientos», que regula el reconocimiento del terreno y el contenido del estudio. La intensidad de ese reconocimiento depende, entre otras cosas, de la complejidad del terreno y de la importancia del edificio.

Con esa información, el proyectista elige el tipo de cimentación, la profundidad de apoyo y sus dimensiones. Prescindir del estudio, o hacerlo de forma insuficiente, está detrás de muchos asientos diferenciales y de grietas que aparecen años después.

Cimentaciones superficiales

Se usan cuando hay un terreno resistente a poca profundidad.

  • Zapatas aisladas: bloques de hormigón armado bajo cada pilar. Son la solución más común en edificios con estructura de pilares sobre buen terreno.
  • Zapatas corridas: bandas continuas bajo los muros de carga.
  • Losas de cimentación: una placa de hormigón armado bajo todo el edificio que reparte las cargas sobre una gran superficie. Se emplean cuando el terreno es menos resistente o cuando las zapatas acabarían ocupando casi toda la planta.

Cimentaciones profundas

Cuando el estrato resistente está lejos de la superficie, las cargas se llevan hasta él mediante pilotes: elementos alargados de hormigón que se introducen en el terreno y trabajan por la punta, por rozamiento con el terreno que los rodea o por ambas cosas. Sobre ellos se construyen los encepados que reciben los pilares. Son habituales en rellenos, terrenos blandos o zonas con el nivel freático alto.

El hormigón y el acero

Las cimentaciones de hormigón armado se proyectan y ejecutan conforme al Código Estructural, aprobado por el Real Decreto 470/2021, que sustituyó a la antigua Instrucción EHE-08. En obra, detalles como el hormigón de limpieza bajo las zapatas, el recubrimiento de las armaduras o el control del hormigón suministrado son los que garantizan que se cumpla lo calculado.

En rehabilitación

En edificios existentes, la cimentación también puede necesitar intervención: por un aumento de cargas, por una ampliación o porque las condiciones del terreno han cambiado. El recalce —reforzar o profundizar la cimentación existente— es una operación delicada que siempre requiere estudio previo y proyecto.